Porque a través de la belleza de las criaturas se conoce por analogía al autor, a Dios que todo lo ha creado con amor y esmero para nuestro gozo y disfrute, para que vivamos de lo que se nos da y produce la Casa común de todos que debemos cuidar y proteger, porque "el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza".
Es una auténtica maravilla, su bello mensaje sembrará en el mundo un futuro mejor, con paz, justicia y hermosura:
“Laudato
si’, mi’ Signore, Alabado seas, mi Señor”, cantaba San Francisco de Asís. En
ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una
hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge
entre sus brazos: Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores
y hierba".
"Nuestro
propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que
nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura. En esta encíclica, intento
especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común".
Vídeo de Vatican en español
La
destrucción del ambiente humano es algo muy serio, porque Dios no sólo le
encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe
ser protegido de diversas formas de degradación.
El
auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a
la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural
Patriarca Bartolomé: un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos
y un pecado contra Dios.
San Francisco de Asís:
No
quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede
motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi
elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia
del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y
autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno
a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una
atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y
abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón
universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una
maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo.
En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la
naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz
interior.
En las noticias
Así
como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol,
la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su
alabanza a las demás criaturas.
Él entraba en comunicación con todo lo creado,
y hasta predicaba a las flores invitándolas a alabar al Señor, como si
gozaran del don de la razón.
Su reacción era mucho más que una valoración
intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una
hermana, unida a él con lazos de cariño.
Por otra parte, San
Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un
espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y
de su bondad: A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se
conoce por analogía al autor (Sb 13,5), y su eterna potencia y divinidad se
hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del
mundo (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una
parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de
manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor
de tanta belleza.
El mundo es algo más que
un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa
alabanza".
Texto completo de la Encíclica:
Después de introducir esta preciosa Encíclica de Su Santidad el Papa Francisco, dedicamos a todos los seguidores de nuestro blog, un Vídeo sobre La Primavera de Vivaldi, la belleza que nos regala El Señor cuando llega la estación más bonita del año, la de los enamorados, un canto jubiloso a la creación, a la paz y a la hermosura que provienen de Dios.












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