lunes, 9 de enero de 2017

Santa Landrada regó con sus bellos ojos verdes el Árbol de la Cruz plantado en su corazón

En los primeros días de este nuevo año 2017, queremos seguir recordando a la bella y dulce Santa Landrada Patrona de este blog, y amiga del cielo de la redactora de este comentario. 
Fue Monja y Abadesa de la Orden de San Benito, coetánea del Santo que fue fundador de Europa en el siglo VII.
Reflejamos parte de su biografía extraída del Libro de la Orden de San Benito escrito por el Licenciado Don Pedro de Sirla R. Axis y Ynojosa, Abogado de la Real Chancillería de Granada y Beneficiado de San Juan de los Reyes, del año 1656, siglo XVII:
"Vidas de Santas y Mujeres Ilustres de la Orden de San Benito" Volumen I.
Donde nos habla de ella resaltando sus bellas virtudes. 
-Dividiremos en varios capítulos los hechos que nos narra, traducidos de forma particular del castellano antiguo; donde se escribe no solo de sus innatas virtudes desde niña, y sobre la Fundación del Monasterio de Belifia/Bélgica, sino de sus continuos combates contra los ataques del maligno, de la Aparición que vivió de su Amado esposo Jesucristo, y muchos bellos e interesantes hechos mas, que se dividirán en varios Capítulos, este es el primero (algunas de las palabras se transcriben literalmente).
Y vuelve a ser un poético y bello Canto a la Vida antes de nacer, donde ya se encontraba elegida y una bendición especial del Señor a través de ella para los Bebés Concebidos, porque para Dios la fruta temprana es la mas bien recibida, Dios plantó en su corazón el Árbol de la Cruz que regó Landrada con las fuentes de sus bellos y cristalinos ojos verdes muy claros, desde la infancia:
https://books.google.es/books?id=qt1oAAAAcAAJ&pg=PA334&lpg=PA334&dq=santa+landrada&source=bl&ots=p7XIP_hz8Y&sig=txB0Pw0HZByOEmkzlRbZRtX0JZE&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjShtDc3bPRAhVIcRQKHWrwABk4ChDoAQg0MAU#v=onepage&q=santa%20landrada&f=false


VIDA DE LA INSIGNE VIRGEN 
Santa Landrada, Fundadora y Abadesa de el Convento de Belifia, Obispado de Lieja en los Estados de Flandes.
-De piadosa y Real prosapia de la Casa Real de Francia en los Estados de Flandes, para su mayor hermosura y perpetua estimación, salió a la común luz de los mortales Landrada, a quien en la tierna infancia comunicó el Cielo favorable, no comunes luces junto con copiosos dotes de naturaleza, gallardía, ingenio, y hermosura, de que en ella hizo seguro empleo, porque fue bendita y elegida del Señor antes de nacer. 
La fruta temprana es la mas bien elegida, y Dios es amigo de los Árboles que en todo tiempo fructifiquen: así  lo declaró por su Profeta Miqueas, deseó higos tempranos, ello es personas que desde sus primeros años llevasen frutos de virtudes por el tiempo de su vida: Maldijo Cristo a la higuera y luego se secó, porque representa a los que tienen obligación de llevar en todo tiempo frutos de buenas obras. 
Agradó a su Divina Majestad esta bendita niña, porque aún no había rayado en su alma la luz de la razón, cuando le conocieron en ella los admirables efectos de la gracia, plantó nuestro Señor en el ameno campo de su corazón, el hermosísimo Árbol de la Cruz, el cual regó cuidadosamente Landrada con las perennes y cristalinas fuentes de sus bellos ojos, y dio copiosisimos frutos de virtudes que cogió en el dilatado curso de la prodigiosa vida, y gozaba por una eternidad.
Aún no había cumplido ocho años, cuando a la sombra de este Árbol ameno, cogía con la consideración copiosos frutos de vida, como lo acostumbrara la prodigiosa niña Isabel Tripedi, que de cinco años de edad la arrebataba de fuerte la piadosa consideración de los misterios de La Cruz, que para cada día transportaba, y extasiada la sacaban del Coro, y la llevaban en brazos a la cama donde pasaba esas amorosas fiebres. 
Landrada desde esta edad, más necesitada de el regalo y alivio que de tormento a su delicado cuerpo, jamás se acostó en cama, raro prodigio de niña, ni se desnudó para darle descanso en el tributo tan fogoso como natural del sueño, una tarima era el mullido lecho y una dura piedra por almohada de pluma, sobre que reclinaba la cabeza, la mayor parte de la noche gastaba en espiritual lección, en especial leía La Pasión del Señor con devoción, y atención, y fe corría que por sus pecados hubiese padecido el Señor del cielo y tierra tan atroces tormentos, y como si ella hubiera sido la causa de aquella tan inhumana crueldad, procuraba satisfacer, con ásperas, y rigurosas disciplinas, cosa formidable y temida de las personas de aún mayor edad que la suya.  

  


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